Batuc, Tepupa y Suaqui:de la tauna a la hidroeléctrica

Introducción

 

         Perder a un pueblo es siempre doloroso. Los asentamientos humanos igual que las formaciones económico-sociales, nacen y mueren; en el caso de “muerte natural” o decadencia paulatina de poblados que en un cierto lapso histórico fueron el núcleo de la vida social, la situación se presenta con menos dramatismo que en aquel otro donde los pueblos son  sentenciados a desaparecer bruscamente “en nombre del progreso”; en nuestro estado son abundantes los ejemplos de este último caso, baste citar el pueblo de San Carlos de Buenavista que desapareció bajo las aguas de la presa Álvaro Obregón (Oviáchic), el del Conicarit que sepultó la Adolfo Ruíz Cortínez (Mocúzari) y de los tres pueblos de los que hablare, Batuc, Tepupa y Suaqui ahogados por la presa Plutarco Elías Calles (El Novillo) entre 1963 y 1964.

         Estamos un caso donde, al parecer, la “vocación de modernidad” del sonorense busca borrar los vestigios de sus orígenes: todos los pueblos desaparecidos a partir de los años cuarenta con motivo de la construcción  de grandes presas, fueron los primeros que fundaron los jesuitas en Sonora: San Carlos de Buenavista –pueblo yaqui- nació en 1619, el poblado mayo Cocinarit se creó en 1629; Suaqui, Tepupa y Batuc –poblados ópatas y eudebes- se fundaron entre 1622 y 1629. estos pueblos eran, por tanto, reductos de importantes manifestaciones y tradiciones culturales regionales.

         En todo caso este proceso nos remite a dos lógicas distintas de organización social: una, la sentenciada a desaparecer, se fundamenta en actividades agropecuarias de subsistencia y descanen en una organización comunal, el destino de la producción es el consumo e intercambio, no la transacción mercantil. La otra nos habla de actividades agropecuarias orientadas al mercado exigiendo por tanto la utilización de tecnologías modernas y del régimen de trabajo asalariado. A fin de cuentas la última impone su hegemonía sobre la primera.

         La inquietud por realizar este trabajo parte de un doble origen: por un lado escarbar en la historia para entender cual ha sido el comportamiento de los grupos subalternos respecto a dos concepciones que rigen la historia contemporánea de Sonora, la modernidad y el progreso; y por otro lado, indagar acerca del pasado de los asentamientos originales de la cultura sonorense, los pueblos de la sierra, para estar en posibilidades de entender el cambio cultural.

         El trabajo lo he dividido en tres partes: en la primera (El Proyecto) pretendo contextualizar los hechos que están atrás de la desaparición de los pueblos; en la segunda (Los actores y sus propuestas) el objetivo es analizar la posición de cada una de las partes que intervinieron en el conflicto (vecino, gobierno federal y gobierno estatal); por último se presentan algunos elementos que nos ayuden a rastrear, que fue de los suaquis, tepupas y batucos que perdieron sus pueblos.

 

  1. El proyecto

 

Los años cuarenta marcan, definitivamente, la entrada de nuestro país a la modernidad tan anhelada por los grupos triunfantes en la revolución de 1910, y que no había podido echarse a andar cabalmente porque primero había que consolidar los instrumentos reguladores de la nueva organización social, aspecto arreglado en definitiva por el régimen cardenista. Los gobernantes siguientes encontraron un camino al que habían quitado los grandes obstáculos y aceleraron, en consecuencia, el proyecto económico basado en la industrialización que requería para realizarse, modernizar la agricultura (sobre todo en aquellas regiones productivas conectadas al mercado exterior) de manera tal que esta actividad financiera la adquisición de bienes de capital requeridos por las plantas industriales.

Dentro de este proyecto nacional, y como es bien sabido, la agricultura costera sonorense recibido un fuerte impulso a partir de cuantiosas inversiones federales destinadas a crear la infraestructura hidráulica que haría posible elevar la producción de materias primas y convertir al estado en “el granero de México”. Se aceleró, pues, a partir de los años cuarenta, la construcción de presas, canales, caminos, termo e hidroeléctricas, etc. Para hacer mas eficiente la actividad agrícola basada en la propiedad privada.

En el caso especifico que hoy nos ocupa, la presa Plutarco Elías Calles se construyó sobre el río Yaqui en el municipio de Soyopa, con la finalidad de instalar allí una planta hidroeléctrica que vendría a satisfacer la creciente demanda generada por la región agrícola de la Costa de Hermosillo, declarada zona de colonización en 1951 y a la que se le brindó un gran impulso a partir de esa época. Como es del conocimiento es que el riego se realiza en base a pozos cuyos equipos de bombeo son voraces consumidores de energía eléctrica.

El proyecto de la hidroeléctrica fue concebido durante el régimen del gobernador Ignacio Soto (1949-1955), los trabajos para su construcción arrancaron formalmente el mes de mayo de 1958 electrificación del territorio nacional formulado por el presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) y tenia “como finalidad el mejoramiento colectivo de toda la región…”

En 1958, empezó, también, una dolorosa etapa para los habitantes de los pueblos condenados a desaparecer bajo las aguas de la presa que, incrédulos, se resistían a abandonar el lugar donde habían nacido y donde descansaban sus antepasados.

 

  1. Los actores y sus propuestas

 

La construcción de la presa, considerada dentro de los preceptos legales como de “utilidad publica”, fue discutida y aprobada en los altos niveles de las administraciones federal y estatal sin consultar para nada a los aproximadamente diez mil habitantes de los pueblos afectados. La obra se planteó como jurisdicción federal y estuvo directamente bajo el control y vigilancia de la Comisión Federal de Electricidad (CFE); el gobierno del estado sólo participó como mediador en los conflictos suscitados entre los vecinos y la institución ejecutante.

Ya para 1959 los vecinos empezaron a perder su incredulidad: el 2 de enero algunos ciudadanos del pueblo de Suaqui solicitaron por carta al presidente López Mateos que intercediera para que la cortina de la presa fuera reubicada y evitar así la inundación de los poblados. La respuesta corrió a cargo de la CFE que trató de aplacar los temores pueblerinos al considerar que resultaba infundada la pretensión de los suaqueños.

 

“…respecto a que al inundarse sus terrenos y poblados con el embalse de la presa van a quedarse sin hogares y sin medios de vida, porque…de acuerdo  con las leyes…esta CFE reconoce la obligación que tiene de indemnizarles justa y debidamente los daños que les causa (el gobierno del estado y la CFE platicaran con los vecinos) con el fin de discutir la mejor forma de conceder la indemnización legal correspondiente, en términos tales que los pueblos…puedan subsistir con nuevo caserío y terrenos suficientes para sus actividades agropecuarias.”

 

 

La  necesidad de contar con un cuerpo representativo facultado para hacer valer en los mejores términos posibles los buenos deseos enunciados por la CFE, dieron como resultado la organización de Comités Pro-Defensa de cada uno de los pueblos entre mayo y julio de 1959. Sin embargo mas que una necesidad sentida por los vecinos, este nivel de organización se dio como un requisito formal exigido por la CFE para realizar las gestiones del proceso de indemnización, es decir, como una instancia del papeleo y tramites legales.

Estos Comités Pro-Defensa no se avocaron a recoger las inquietudes y discusiones engendradas entre los vecinos para elevar propuestas especificas y condiciones para la reubicación de la gente, cuestiones que fueron manejadas en asambleas publicas y bajo la dirección del presidente municipal de cada localidad. Así, en agosto de 1960 los vecinos de Suaqui comunicaron al director de la CFE que solicitaban ser reubicados en cualquiera de los siguientes lugares: Valle de Guaymas, Sibolibampo, canal Alto (Valle de Mayo), en cualquier área entre Obregón y Navojoa o bien en alguna zona adecuada que se localizara en la región central del estado entre Hermosillo y Magdalena.

En la misma fecha los vecinos de Batuc presentaron a la consideración de las autoridades de la CFE las conclusiones a las que habían llegado respecto a su reubicación; en el punto cuatro del texto se lee:

        

         “…pedimos…para fincar nuestro nuevo poblado y tierras laborales, los puntos siguientes: I Región de Ures: a) levantamiento de las aguas sobre el río de Sonora, aguas subterráneas en la Puerta del Sol, b) estudios del terreno sobre el Canal Alto. II Estudios sobre el río San Miguel: a) Cerro Pelón, b) Codórachi y región sur del río. III Región del Yaqui; entre Ciudad Obregón y Navojoa sobre el Canal Alto. Ante todo solicitamos que las tierras que nos cedan sean regadas por gravedad y no a base de bombeo…”

 

Debemos destacar aquí que los vecinos solicitaban instalarse en regiones que contaran con características parecidas a las que iban a desaparecer, de manera que la reubicación no afectara drásticamente sus modos de vida y organización social. Sin embargo las gestiones de CFE encaminadas a conseguir tierras para los nuevos asentamientos consumieron casi dos años del escaso tiempo con que contaban. Ante la tardanza y al ver que las esperanzas para realizar el traslado en condiciones propicias se esfumaban poco a poco, los vecinos constituyeron una nueva organización que involucraba en un frente único a los tres pueblos afectados, el Comité Directivo de Batuc, Tepupa y Suaqui, cuyas actividades estuvieron encaminadas a encontrar otros canales para negociar las condiciones de desalojo de los pueblos.

En este sentido en abril de 1962dirigeron un oficio al gobernador Luis Encinas por medio del cual externaban su posición respecto al conflicto; se refirieron entonces al ofrecimiento que previamente les había hecho la CFE de trasladarse al Valle del Mayo donde tratarían de conseguir 1,100 hectáreas o sea el mismo hectareaje que iban a perder por las inundaciones, este documento manifestaron sus demandas:

 

a)     Solicitaban de 15 a 20 hectáreas por familia tomando en consideración que este era el promedio fijado a los nuevos centros de población; denunciaron que “el criterio que sustenta la CFE al indemnizar las propiedades afectadas es por demás mercantilista y estrictamente legalista, ya que pretende devolver hectárea por hectárea afectada”, consideraban que se debía obtener una compensación mas justa.

b)     Los vecinos requerían tierras para labores agrícolas y además terrenos de agostadero; en el Valle del Mayo, aparte de ser limitado el numero de hectáreas que se les ofrecía y con problemas de agua para riego, difícilmente podrían conseguir tierras destinadas a la ganadería.

 

En virtud de los dos considerados anteriores, los vecinos rechazaron la propuesta de establecerse en el Valle del Mayo. En el mismo escrito además, hacen referencia a un elemento que no se había manejado en documentos anteriores y que se refiere a la transformación cultural que necesariamente afectaría a los desalojados, lo expresaron así:

 

“…Queremos manifestarle, señor gobernador, que los habitantes de los pueblos…están pasando por una etapa crucial en su exitencia; están viviendo momentos de angustia e incertidumbre (le solicitan que tome) muy en cuenta el sacrificio de estas gentes que serán sacrificadas en aras del progreso…al tener que abandonar obligados por las circunstancias, sus viejos lares, tradiciones y costumbres para ser trasladados a un medio extraño, quizá hostil al principio, sacrificio que muchos en su ignorancia no encuentran justificado, pero consideran que al tener involuntariamente que abandonar su terruño les asiste mucho derecho para aspirar a un mejoramiento de vida en justa retribución…”

        

         Es interesante resaltar aquí que a estas alturas se manejaban ya dos puntos de vista diferentes respecto a la indemnización: la CFE entendió ésta como la reposición de bienes “legalmente poseídos, es decir, propiedades amparadas con títulos; desde esta perspectiva quedaba fuera la mayoría de la gente que subsistía explotando pequeñas parcelas propiedad de la nación y localizadas en la vega del río; se excluyó también a los desposeídos, que vivían de vender su fuerza de trabajo. Los vecinos afectados en cambio estaban convencidos de que permitiera recomenzar su vida en otro lugar, esto independientemente de que fueran propietarios o no, como se desprende de lo siguiente:

 

“…existen (en Batuc) 47 familias que carecen de casa-habitación y 179 que carecen de tierras de agricultura de riego. Nosotros estimamos que se haga un estudio a fondo del porvenir de estas familias que por ningún motivo deben quedar a la deriva…”

 

         Las propuestas que formularon los vecinos para su reubicación resultaron “Irrealizables” para la CFE como lo manifestó la institución al gobernador del estado. Los predios de Fundición (entre Navojoa y Cd. Obregón) no pudieron adquirirse porque no había suficiente agua disponible para el riego, además no podía saberse tampoco “cuales terrenos de la región quedarían libres después de satisfechas las 96 solicitudes de dotación para nuevos centros de población inscritos en el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización (DAAC)”. Los vecinos tampoco podían ser reubicados en el Valle del Yaqui debido a la imposibilidad de encontrar terrenos en venta, por la saturación que existía en esta región no se podían conseguir ni siquiera 50 hectáreas. En estas circunstancias la CFE planteó a los vecinos su reubicación en predios localizados en La Poza y Santa Cruz, propuesta que no fue aceptada.

 

         En esa misma fecha la CFE hizo saber al gobernador que había tratado de complacer a los vecinos “…en sus pretensiones, no bien orientadas, estudiando con seriedad técnica las iniciativas que han presentado las que desgraciadamente han resultado irrealizables…como no se encuentran dentro de los límites territoriales de Sonora terrenos de riego con extensión de 1,300 hectáreas…y como…es muy urgente resolver este asunto en breve plazo, no quedan a esta Comisión mas que dos alternativas: a) que los pueblos acepten quedar ubicados en terrenos de riego del Valle del Mayo, o b) que acepten el pago en efectivo del valor de los terrenos y predios urbanos…”

 

         Para suaviza ante los vecinos la tajante actitud de la CFE el gobierno del estado formuló un Plan entre agosto y septiembre de 1962 para solucionar el problema de la inundación de los pueblos, documento que recogía las propuestas hechas por la Comisión, algunas demandas de los lugareños y ofrecimientos hechos por el mismo gobierno a los vecinos, documento que debió conocerse, discutirse y firmarse por las tres partes involucradas; entre sus puntos principales destacan los siguientes:

         Los moradores de los pueblos optarían por una de las dos propuestas hechas por la CFE; en caso de que decidieran trasladarse al Valle del Mayo tendrían la ventaja de ubicarse en un lugar muy bien comunicado por modernas carreteras, parte de estar a 30 kilómetros de Navojoa y Huatabampo. Recibirían además por parte de la CFE terrenos de agostadero en proporción de 40 hectáreas por cada cinco de terreno agrícola. En caso de optar por la indemnización, la CFE pagará $ 4,000.00 por hectárea de riego, $ 2,000.00 de temporal, $ 200.00 por metro cuadrado de construcción y “ 2.00 por m cuadrado de terreno urbano. La institución cubriría también los gastos detraslado de personas y menaje a cualquier lugar dentro del estado que hubieran escogido para vivir.

         Las disposiciones anteriores se referían a los propietarios (con titulo o en posesión “pacifica y continua” de terrenos propiedad de la nación); a las personas que no tenían fincas rusticas o urbanas y que dependían de su trabajo para el mantenimiento de su familia, recibirían de la CFE, además de los gastos de traslado, una indemnización consistente en $ 1,500.00 por familia. Esta categoría (los desposeídos) y en general la persona que así lo deseara, podía acogerse al Convenio de Braceros entonces vigente, para lo cual el gobierno del estado se encargaría de gestionar las cartas que autorizarían su salida a Estados Unidos.

         existía además una tercera alternativa; los pobladores que desearan continuar en la misma región, recibirían el apoyo del gobierno del estado ante el Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización para que adquirieran en propiedad común los terrenos de agostadero dentro de las respectivas juridiscciones municipales; también los apoyaría en la perforación de pozos en los terrenos de temporal con el objeto de habilitarlos para la agricultura. En el plan se mencionaban también otras ventajas como la agricultura. En el plan se mencionaban también otras ventajas como la promoción de una cooperativa de tejedoras de palma en Navojoa y apoyos crediticios para los reubicados en el Mayo; se buscaría además impulsar la actividad pesquera en le presa El Novillo.

         Estas fueron las bases que rigieron las negociaciones entre los vecinos y las instituciones oficiales; el Comité Directivo de Batuc, Tepupa y Suaqui le hizo saber al gobernador “que el plan es equitativo y justo y, en general, comprende todas las peticiones que los vecinos…estuvieron haciendo por nuestro conducto. Sin embargo no todo lo expuesto en el plan mencionado se respetó en la práctica; con el tiempo encima, entre 1963 y 1964 se decidió el futuro de los pueblos.

         La inundación de las tierras era ya inminente, según la CFE no había, en todo el estado, tierras de calidad disponibles para reubicar a los afectados; ni por asomo se pensó en afectar las grandes extensiones territoriales de los empresarios agrícolas de los valles irrigados, ni aún por acusa de “utilidad pública”, instrumento legal que si permitió la afectación de los pueblos. De esta manera se orilló a los vecinos a aceptar como única solución el pago de los predios rústicos y urbanos. Pero ni siquiera esto se cumplió como debía; el retraso de los pagos y los problemas que acarreó la suspensión brusca de las actividades económicas de los pueblos, los llevó a una situación de virtual miseria.

         Los pagos por concepto de indemnización se empezaron a distribuir hasta febrero de 1963empezando por Suaqui, el pueblo que se ahogo primero (en diciembre de ese año) doce meses después todavía no se terminaban de pagar los de Tepupa y por lo tanto aún no se iniciaba con los de Batuc; las siembras de maíz (julio) y trigo (noviembre) de 1963 no se efectuaron por órdenes de la CFE ya que las tierras serian inundadas en breve tiempo. Sin el pago los habitantes no podían dirigirse a otros lugares y sin cosechas no podían comer por lo cual su situación en estos años era desesperada.

         El pueblo de Batuc (el ultimo en quedar sepultado bajo las aguas) fue el mas afectado en el sentido de que aquí demoraron mas para cubrir las indemnizaciones, mucha gente se vió obligada a salir sin recibir el pago y ya cuando tenían el agua en sus casas; para el mes de agosto de 1964 la situación era dramática, el representante del gobierno del estado atendía el asunto de los pueblos, informó en esa fecha al director de la CFE que los pozos que suministraban para beber al poblado de Batuc, habían sido inundados por el embalse de El Novillo, le hacia saber también que los vecinos estaban imposibilitados para abandonar el pueblo debido a que el personal encargado de las indemnizaciones “actúa muy lentamente” y él conminaba a que ordenara se activaran los tramites. En octubre de ese año el gobernador giró instrucciones al Tesorero General del estado para que cubriera los gastos de traslado de las familias que todavía quedaban en Batuc.

         así, en 1963 empezó la diáspora de los residentes de Suaqui, Tepupa y Batuc. Los mas reacios a abandonar la región fundaron pueblos nuevos a poca distancia de los antiguos (a los que llamaron colonias), otros emigraron a las ciudades costeras y grupos considerables salieron rumbo a Estados Unidos en calidad de braceros, los menos aceptaron establecerse en la región del Mayo. La muerte oficial de los pueblos ocurrió el 24 de junio de 1964: por medio de la Ley no. 87 se suprimieron los tres municipios con lo cual desaparecían también las autoridades municipales legalmente instituidas, aún cuando en el pueblo de Batuc todavía estaban asentadas muchas familias.

 

  1. Después…

 

 

“…Cuando me vine me pasé un año tirada, nomás

faltaba que me echaran la tierra encima… mucha gente

se murió de tristeza…”

 

Mercedes Encinas de Manzo

 

         El sentimiento colectivo experimentado por los habitantes de los pueblos ahogados, se capta plenamente en las palabras de uno de ellos:

 

“…todos queríamos estar en nuestro pueblo hasta el ultimo momento. Cuando oímos decir por primera vez que se construiría una presa y que el pueblo sería inundado, faltaban años para que tal proyecto se convirtiera en realidad; aún sin embargo en el rostro de nuestros padres y de toda persona mayor, empezó a reflejarse los estragos de la amargura, la tristeza y desesperación por el incierto futuro que le esperaba a su familia. Si cuando sólo eran rumores ya nos parecía una monstruosidad, imaginémonos la tragedia que significó para los hijos de Batuc tener que desalojar su hogar y abandonarlo para siempre…”

 

         Aunque han transcurrido cuatro décadas desde que perdieron sus pueblos, el pesar que esto causó no ha disminuido; en la memoria colectiva están vivos cada uno de los cerros, valles, amigos, fiestas, utensilios, costumbres, etc. que conformaban el pueblo originario. Tal vez estemos en posibilidad de comprender mejor la resistencia de la gente primero a abandonar sus pueblos y después a olvidarlos, si nos acercamos al concepto de “pueblo” por ellos manejado, que lejos de referirse solo al espacio físico en el que se desarrollan actividades cotidianas, el pueblo es entendido como una simbiosis del territorio y la gente con sus costumbre, tradiciones y organización social en torno a las actividades productivas, a este modo de vida se llama “vivir como pueblo”. El derecho de poder continuar con esta forma de vida fundamento las propuestas hechas por los vecinos  a la CFE respecto a los probables lugares de reubicación, y por lo tanto, su manera de participar del progreso.

 

“…la mujer en el metate y la tauna haciendo

tortillas. Los trastes que se usaban eran de tierras

(cajetes, ollas, comales); la obligación de la mujer era la

cocina pero además se iba a trabajar en la milpa cuando

no tenía mucha familia…”

 

Señor Norberto López. (Suaqui)

 

         En los pueblos la organización social giraba alrededor de la agricultura y ganadería en pequeño, la mayoría de los padres de familia contaba con una pequeña parcela que habían heredado de sus antepasados y los que no tenían labraban la tierra como medieros; aparte la mayoría de las familias tenía un pequeño hato y animales de granja que les proporcionaban el diario alimento; es común escuchar a la gente decir que “no compraban el mandado todo salía de la tierra”: las pocas cosas que no producían (café, azúcar) se adquirían en parte con las utilidades obtenidas en una actividad exclusivamente por las mujeres, el tejido de artículos de palma. En el pueblo de Batuc, además de las actividades tradicionales, existía la mina Guatamo donde se explotaba plomo y zinc y que daba empleo a 150 personas.

         Una vez que hubieron abandonado sus pueblos, se inició una etapa de incertidumbre para los habitantes desalojados. La gente más desahogada económicamente fue la que salió primero y se estableció en las ciudades (Obregón y Hermosillo), también tuvieron este destino las personas que habían vendido sus casas pero que no tenían tierras de labor. Los que no alcanzaron indemnización aquellos que tenían unos cuantos animalitos formaron colonias o nuevos pueblos a pocos kilómetros de los desaparecidos: Nuevo Tepupa, Nuevo Suaqui y San José de Batuc. Otro grupo de familia invirtieron el dinero en diversos lugares, tal es el caso de San Francisco de Batuc, pueblo levantado en un terreno “enmontado y sin agua” y el Saúz con familias de Tepupa y Suaqui, ambos localizados por el rumbo a Ures.

         En todos estos casos los vecinos debieron afrontar difíciles condiciones de subsistencia. En primer lugar tuvieron que abandonar sus practicas agrícolas pues las nuevas tierras carecían de agua y apenas si podían ser utilizadas como agostadero. Las cosas no se presentaron mejor para aquellos que tuvieron la suerte de ser dotados de tierras; algunas familias de Suaqui formaron el ejido La Candelaria en la Costa de Hermosillo, “pero desde que se foro sigue igual, les hicieron un pozo pero sin equipo, el ejido tiene ya ocho años y sigue igual, no siembran”. Las colonias, entonces tenían (y siguen teniendo) poca capacidad para retener a la gente que se ha visto obligada a trasladarse a los centros urbanos.

 

“…nosotros no nos quedamos en la colonia porque no

hay nada que hacer, por que no hay tierra, puro

temporal…”

 

Señora Ana María Peralta (Batuc)

 

         Fue precisamente en las ciudades donde los migrantes forzados enfrentaron las mas duras condiciones ya que la mayoría de ellos debió inscribirse en una forma de organización social que dependía del régimen salarial, muchos hombres pasaron de ser labriegos y vaqueros a nueva categoría de albañil, las mujeres abandonaron definitivamente una des sus ocupaciones principales, el tejido de palma, muchas de ellas se emplearon de sirvientas. Una considerable cantidad de personas que se habían ido a Hermosillo no soportaron vivir “porque los hombres no estaban acostumbrados a trabajar por el diario” además de que no eran muchas alternativas de empleo que encontraban pues no estaban preparados para la los trabajos citadinos: su vida entera la habían dedicado a labrar la tierra y a criar ganado; en estas circunstancias sólo podían aspirar a los empleos mas mal pagados y muchas veces como eventuales. El emplearse por un salario implicaba acostumbrarse a un horario no establecido por ellos, también aceptar una nueva disciplina en el trabajo; pero sobre todo significaba que perdían por completo su dominio sobre el proceso productivo. Muchos no lo toleraron y se regresaron a las colonias.

         Otro importante contingente migratorio lo constituyeron los vecinos que se cobijaron al amparo del convenio de braceros y cruzaron la frontera hacia Estados Unidos instalándose allá definitivamente transformando, en consecuencia, sus patrones culturales de una manera drástica; tenemos noticia de la existencia de una comunidad de batuqueños en Los Ángeles.

         En suma, con la construcción de la Planta Hidroeléctrica de El novillo, miles de personas fueron separadas abruptamente de sus territorios y reubicados en lugares hostiles que hicieron imposible seguir con la practica de actividades ancestrales, su organización social se vió trastocada sensiblemente y su cultura añeja recibió un duro impacto. Sin embargo, desde que perdieron sus pueblos, el valor y coraje de esta gente ha estado presente, lo que se manifiesta en el tesón que mostraron el levantamiento de sus nuevos pueblos, así como una idea que casi obsesión: conservar sus tradiciones, aquellas que les hagan recordar cuando eran “pueblo”.

         En la construcción de las colonias (porque “el gobierno no les dio un lugar ni les hizo un pueblo” como había prometido) los vecinos consiguieron un grado de organización que les faltó para defender sus pueblos; en relativamente poco tiempo convirtieron los montes en lugares habitables gracias a su trabajo. En el caso de San José de Batuc los vecinos construyeron la escuela, el gobierno sólo apoyo con parte de los materiales; para la perforación del pozo sólo recibieron apoyo técnico, la iglesia la levantaron ellos solos: las mujeres hicieron algunas actividades para conseguir dinero y comparar los materiales y los hombres aportaron su trabajo para construirla.

 

“Arriba Tepupa y hay que recordar la vieja tauna y el

molino de maíz…

Arriba Tepupa yo no te olvido aunque estés

Desaparecido”

Canción popular

 

         Otro de los aspectos que debemos destacar es el grado de unión en que se han mantenido los vecinos de los pueblos ahogados y su deseo de seguir conservando sus costumbres. Los suaquis realizan una caravana a su pueblo cada primero de febrero para celebrar la fiesta de su santa patrona, la Virgen de la Candelaria, esta festividad se realiza también, en otros asentamientos como el Saúz y los ejidos en la Costa. Los batuqeños llevan a cabo una caravana a San José de Batuc el primer sábado de marzo, reunión cuyo objetivo manifiesto es mantener una vieja tradición: cuando todavía existía el pueblo, el primer viernes del mes de marzo los vecinos salían  de DIA de campo y aprovechaban para recoger plantas medicinales que utilizarían durante todo el año (vieja costumbre ópata), le llamaban viernes de salvia y formaba parte  de las celebraciones cuaresmales. Este regreso anual es organizado por el Club Social Batuc, organismo que tiene como función promover actividades que fortalezcan la unión de los batuqueños y conservar frescas algunas tradiciones; en palabras de uno de sus miembros, “el Club se formó para no perder el pueblo de Batuc”.

 

“…las autoridades nos hicieron papeles falsos, nos

hicieron que firmáramos para darnos un predio, para

darnos una indemnización y fueron mentiras…muchas

familias firmamos para que nos ayudara el gobierno, no

para que nos abandonara…”

 

Señora Ofelia E. de López

 

         Por otro lado, y ya en el terreno de la cultura política, las condiciones en que se efectuó el desalojo de los pueblos, crearon un gran descontento y resentimiento den la gente respecto al “gobierno”, priva la idea de que fueron desamparados en este trance y que se jugó con ellos, que fueron engañados:

 

“…a nosotros no nos dió nada el gobierno, le reclamamos y nos prometieron pero al fin no nos dieron ni cinco…la gente salió toda junta, al principio no salió pues ¿quién iba a creer que fuera cierto? Y como no queríamos quedarnos sin pueblo, no lo queríamos dejar. Pero lo que dice el gobierno, eso se hace…”

 

         El enojo era justificado, se detectaron algunas irregulidades en los criterios para otorgar las indemnizaciones, muchos predios rústicos y urbanos “perfectamente justiicados y autorizados por la autoridad municipal…no fueron tomados en consideración por los técnicos de la comisión de indemnización…”. Los reclamos a la CFE abundan en el lapso de 1964 a 1968, tanto por indemnizaciones como para exigirle que cumpliera las promesas hechas de las superficies ejidales. En el año de  1976 se podían localizar reclamaciones de vecinos -sobre todo de Batuc- a los que no se había hecho el pago correspondiente.

         Es preciso destacar el hecho de que el pueblo de San Pedro de la Cueva también resultó afectado por la construcción de la Presa, hacia 1966 se inundaron buena parte de las tierras de cultivo lo que ocasionó que las actividades agrícolas y ganaderas declinaran obligando a mucha gente a abandonar el pueblo. En este caso CFE no indemnizó a los vecinos esgrimiendo el argumento de que el pueblo no había quedado bajo las aguas. En 1969 los vecinos de este pueblo se dirigieron al gobernador Faustino Félix Serna en los siguientes términos: “San Pedro de la Cueva…no quedó sepultado como sus vecinos…pero quedó sin vida propia por lo cual la mayoría de los habitantes tienen que salir a buscar nuevos medios de vida en otras partes…”, solicitándole que apoyara sus gestiones para que la CFE les indemnizara sus minifundios.

         Las circunstancias que se enfrentaron entonces han propiciado que los vecinos valoren la importancia de la organización. Tardíamente, es cierto, aceptan que “el pueblo nuestro lo debíamos haber peleado; dicen: “si nos hubiéramos puesto toda la gente n, no hubieran echado la presa, se junta toda la gente y no la echan”. Afirman que “fue una tontera muy grande del pueblo dejarse manipular; sí, será el gobierno, pero sí podían haber llegado a un acuerdo, que el gobierno les hubiera dado tierras, que hubieran cambiado a la gente a una parte donde hubiera tierras, que hubieran jalado el ganado, que hubieran vivido igual.” Es decir, saben fié fueron sometidos por el Estado, pero están concientes también de que con la organización de toda la gente es posible mover la balanza a su favor.

         Vemos, pues que el concepto de “progreso” o la “vocación de modernidad” del sonorense tiene distintas aceptaciones. Sin duda la Presa EL Novillo significo progreso y adelanto para Sonora, sólo que los beneficios se repartieron de manera desigual; para un puñado de empresarios agrícolas, la hidroeléctrica significó el instrumento esencial que les permitió engrosar sus fortunas. Desde la perspectiva de la subalternad se concibe el progreso de diferente manera:

 

“…No desconocemos la importancia de esta obra y los beneficios inmediatos que traerá a la economía del estado en particular y al país en general; también reconocemos que todavía existe un gran número de mexicanos a quienes todavía no ha llegado el beneficio de la energía eléctrica que también tienen derecho; pero señor licenciado, la CFE tiene la obligación de recapacitar y reconocer que toda la razón y la justicia están de nuestra parte, ya que San Pedro de la Cueva estuvo más de ciento cincuenta años…sin disfrutar de estos servicios, que indudablemente son de lo mejor, y durante todo este tiempo no hubo tan solo un individuo que sufriera la carencias de dichos servicios, como lo está sufriendo todo un pueblo en esta ocasión por habernos afectado totalmente nuestras tierras de cultivo…”

 

         Es decir, progreso significa, por un lado, el establecimiento de las condiciones objetivas que posibiliten la realización de un proyecto económico hegemónico, aunque se excluyan o perjudiquen importantes núcleos sociales; por otra parte de la subalternad el progreso es visto mas como un retroceso pues altera sensiblemente modos de vida practicados por muchas generaciones. Queda claro, por la larga cita incluida anteriormente, que los vecinos afectados no están (y no estuvieron) en contra del progreso, lo que rechazan es precisamente su exclusión del mismo.

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